jueves, 29 de septiembre de 2011

unos hombres de provincia

Parte uno

                 Hace unos meses, hubo un revuelo en la ciudad por una nota de Fito Paéz, en el diario página 12, la nota fue inmediatamente después, de que se supieran  los resultados para Jefe de Gobierno, en la primera vuelta electoral.
Ese texto fue lo suficientemente punzante como para suscitar posiciones encontradas, contradictorias, acusaciones (de todo tipo), y un revuelo mediático bastante sospechoso.

Un tiempo después en el mismo diario, unos días antes del ballotage, (no recuerdo con exactitud la fecha) Mempo Giardinelli publicó una nota que compartía en parte el mismo tema, pero con objetivo bien distinto. No hubo revuelo, ni siquiera ruido de fondo, Mempo Giardinelli no tiene peso mediático ni es una figura pública, ni es estrella de rock, ni tampoco es Beatriz Sarlo. Es escritor (cuentista y novelista), su nota contrasta notablemente con el tono del texto de Fito y a su manera completa una lectura sobre los hechos en esta ciudad.

Uno de los temas es Mauricio Macri, reelecto Jefe de Gobierno el otro; la sociedad, Capital federal y sus decisiones electorales.

El propósito de esta nota no es inocente, no soy Macrista, soy lector de Página 12 y es de público conocimiento que este diario apoya al Kirschnerismo.  Macri  forma parte de una nueva camada de políticos, que no tienen carrera, pero si mucho poder económico. Se habla de frivolización  y de políticos que cada vez tienen menos formación, pero si tienen un aparato que los sostiene, los viste, cuida su imagen, les dicen que decir y cuando evitar las polémicas. No voy a entrar en estos detalles, pero lo que me interesa tanto del texto de Fito como el de Mempo es analizar la mirada de estos dos artistas en un campo que no es el suyo, pero como ciudadanos se ven compelidos a hacerlo.

El texto de Fito apunta a la gente, a esa mitad, (como titula su nota) que apoyó y dio la victoria al Macrismo, su mirada es un diagnostico severo, un "yo acuso" que ataca donde más duele, al narcisismo de los porteños.
Pero esto no es nuevo, ya Fito en entrevistas y en su misma poética viene hablando de lo mismo: la sociedad argentina; de hecho "la casa desaparecida",  una de las canciones centrales de "Abre", es uno de sus diagnósticos más pesados.

Pero empecemos por el párrafo que  me interesa destacar, por un lado en su argumentación describe a una ciudad que ya no es lo que solía ser "hoy hecha un estropajo, convertida en una feria de globos que vende libros igual que hamburguesas, la mitad de sus habitantes vuelve a celebrar su fiesta de pequeñas conveniencias. A la mitad de los porteños les gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa. A mitad de los porteños le encanta aparentar mas que ser. No por que no puedan. Es que no quieren ser."

En este párrafo esta concentrado todo el poder del texto, sobre todo la idea sobre la apariencia y el ser, que esta esbozada de manera general, porque la mirada es general, casi como si el autor estuviera en las alturas o en el púlpito bajando sentencias. Esto en parte le quita lucidez a la idea principal, porque le da mas importancia a la reacción que le provoca el malestar que al malestar mismo.

Si el texto hubiera desarrollado esta idea, tendríamos otra cosa, porque lo que viene después, no agrega nada mas que el enojo, que esta claro desde el principio.

En su forma, es mas un sermón que un análisis, una cruda descarga que se regodea con su enojo, bordeando su propia caricatura. Es más, uno se podría imaginar a Fito despotricando desde la montañas cual Zarathustra enojado con la humanidad. De hecho, este enojo fue lo mas utilizado por los medios para desacreditar esta nota, los Macristas agradecidos, porque encontraron mucha tela para cortar y acusar al partido opositor de intolerante. Lo cual es patético, Fito firmo la nota como vecino de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, no como militante.


Lo que mas prensa tuvo; es la utilización de palabra asco, la reacción física del rechazo, que Fito pone de manifiesto en esa mitad, podríamos estar o no de acuerdo con esto, pero de ahí a acusarlo por discriminar, estamos a un paso gigante. Podemos rechazar esta afirmación con argumentos, pero no queriendo trasformarlo en otra cosa.
Uno puede emitir su opinión, hay que hacerlo, es saludable, uno puede indignarse, manifestar su enojo, putear, es natural, necesario. Pero no quedarnos con esto, como manifestación de la verdad sobre las cosas.

El texto de Fito conmueve por la urgencia, por el impulso que tiene a exponerse, reaccionó "en caliente", eso tiene su costo y este es el hecho que mas moviliza, porque casi nadie lo hace. No hablo de expresar la opinión solamente, sino de poner el cuerpo, de sostener el discurso, aunque uno se equivoque.
De hecho hay que equivocarse, para comprender el efecto de las ideas sobre el cuerpo.

Una de las cosas que recalcaron para desacreditar la nota, es que Fito es de Rosario, -ni siquiera es porteño como para opinar de la ciudad, un hombre de provincias al que le fue bien en la capital, pero que no es generoso con sus opiniones, son hirientes y nos ponen en guardia- parecen decir los puristas, jactándose de sentido común.

Fito apunta bien, su blanco es el narcisismo porteño, un narcisismo que tiene historia.


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