jueves, 8 de enero de 2015

Aguamono y el laboratorio de la canción

Primera parte


                      "Generalmente los críticos se han preocupado primero por la apreciación
                       de la música antes que entender la actitud que la produjo".

                                                                                                                        Leroy Jones
                                                                                                                    (Amiri Baraka)
                                                                                                                        Black Music
                                                                           Free Jazz y Conciencia Negra 1959-1967
               

                         
              Con la aparición del punk, el rock volvió a la urgencia de sus comienzos cuando la relación forma/fondo, no estaba mediada por el virtuosismo técnico, ni el preciosismo académico, con el que había coqueteado el rock sinfónico, porque para el punk era más importante la canción antes que a su hechura, era más vital decir de la manera que fuese, que prestarle atención a la forma, pero esta vuelta al origen no sería inocente, el punk tenía que pagar con su vida fugaz y explosiva para sacudir a la estantería del rock, porque en la literalización de su mensaje no future exponía tanto una situación social como un estado de cosas con respecto al destino de la canción, Lo que el punk extremó en su práctica fue la posibilidad de la canción como "un medio", ya sea para expresar el descontento generacional, la falta de posibilidades, el rechazo a las formas institucionalizadas del rock y la cultura.

Este camino tuvo dos repercusiones, por un lado esta suerte de facilismo musical que había promovido el punk, que decía que todos podían hacer música, no profesionalizarse, etc... se transformó en una formula que rápidamente decantó en su propia parodia, que fue una de las causas que llevó a la temprana muerte del movimiento, y por el otro la canción se fue corriendo de esa zona comunicacional para transformarse en un fin en si mismo, que encontró en la estética pop (que venía pisando fuerte desde la década del 50) un laboratorio ideal para deconstruir a la canción desde la forma y el sonido.

En este matrimonio naciente entre la sensibilidad pop y los efectos del punk luego de su muerte decretada en el año 78, se abrió un nuevo camino que dejaba atrás las viejas utopías contraculturales del rock, para transformarse en puro entretenimiento.
Si el pop tuvo más vida que el punk, fue porque entendió muy rápidamente que el trabajo sobre la forma es tanto o más político que el mensaje, por supuesto este umbral al que se había llegado a fines del los años 70, (gracias a la voluntad iconoclasta del punk) es ciertamente responsable de esta babel sonora, donde los límites entre lo comercial y lo experimental, lo independiente y lo corporativo, lo real y lo virtual, lo original y la copia no parece tan claro, ni tan importante, ni tan trascendente porque todo exactamente todo parece ser posible en nuestra aldea global.

En este presente que nos toca compartir, las estrategias para hacer obra desde el campo de la música se ha reencontrado con las banderas que el punk había levantado en su momento: autogestión, independencia y modos de difusión alternativos a la prensa convencional. El mundo cambio radicalmente con los avances tecnológicos y la música recibió acuse de ello: la hipercompetitividad en el mercado permitió el consecuente abaratamiento de los instrumentos musicales, y mayor acceso a las posibilidades de grabar, pero sobre todo gracias a la creación de internet se pudo dar vida a miles de proyectos.
Por supuesto esto no implica mayor calidad que en otras épocas, ahora el desafío para los nuevos hacedores de música es sobrevivir a la inflación nostálgica de una época dorada del rock, y a un exceso de conciencia sobre el pasado y sus grandes nombres.

A esa batalla pírrica apuesta Aguamono, un proyecto de rock electrónico con todo lo que eso implica en un país que no tiene una tradición sobre ello, donde solo han brillado algunos nombres de manera consecuente tales como: Daniel Melero, Gustavo Cerati, el  desconocido Matias Kritz  (1) y el aún más desconocido Leandro Yahni: un verdadero obrero del sonido que ha sabido construir obra sin la urgencia del éxito, ni la presión de la competitividad de las grandes urbes, un músico de provincia (2) como tantos otros, pero con el plus que no hace uso de su procedencia para certificar su originalidad sino más bien alguien que disco a disco se a preocupado en generar su propia patria a través del sonido, la invención, y la intervención en la propia hechura de la canción.

Aguamono es un proyecto que viene dando batalla de manera prácticamente silenciosa desde el año 2001, Leandro Yahni es su máximo responsable junto a Javier Chemes más que un oportuno aliado en los tres discos oficiales, existe un cuarto inédito, pero este funciona más bien como un borrador de las referencias e influencias que tiene este talentoso músico misionero.
Aguamono es la construcción de un discurso donde lo nuevo, lo viejo y lo actual conviven en una relación tirante, explosiva y a la vez implosiva, nada emerge en el horizonte de sus canciones sino es procesado de manera puntillosa y severa. Claramente hay una mirada sobre el rock y la cultura pero a esta no le importa declamar, ni bajar sentencias, tan solo "es", en su propia fricción con la forma y el fondo.

Paralelamente al trabajo cómo músico Leandro Yahni y acorde a sus necesidades fue armando su propio estudio, o según palabras -centro de producción- donde ha grabado sus tres discos hasta la fecha y en dónde también grabaron bandas locales producidas por él. Es interesante este detalle porque Leandro forma parte de una generación que no solo tuvo la posibilidad de grabar sin grandes presupuestos (por el acceso a la tecnología), sino que también aprendió (gracias a los primeros programas) a entender cómo y de qué manera se graba.
La adolescencia de  Leandro coincidió con la década del 90, época signada por Nevermind, disco que volvía a poner al contenido por encima de la forma, y que traía ese curioso maridaje entre el: ethos punk, la psicodelia del hippismo y la disonancia del heavy metal, al que se le denominó grunge o aquí en nuestra aldea local "música alternativa".

Mientras que en nuestro país muchas bandas buscaban estar en la cresta de la ola reproduciendo tendencias, Leandro fue haciendo su camino: estuvo en Córdoba estudiando Licenciatura en Composición carrera que no pudo terminar pero que sirvió para darle a sus futuras canciones una pátina espesa en cuanto a información,síntesis, y pericia técnica.
Con el nuevo siglo y pasada la abulia grunge, con las muertes de Kurt Cobain y Layne Stanley (3) Aguamono sacó su primer disco (un e.p.) sin todavía haber tocado en vivo, es curiosa la naturaleza de este debut, porque ni en ese momento ni ahora da la sensación de ello, porque es un disco muy seguro de su propia audacia, todo en el esta cuidadosamente pensado, y discutido, lo cual indica que este proyecto ya existía mucho antes que sus canciones, como un concepto, un lugar de enunciación y una política sobre la forma.

Esta política habla de una conciencia sobre el pasado, y de una habilidad sobre la tecnología para crear sonidos, ritmos, ruidos, loops, y vertebrarlos de manera natural en las estructuras de las canciones. En Aguamono no hay guitarristas, hay guitarras,(músicos invitados) en algunos temas, pero estas solo aparecen como pinceladas que definen un carácter.
El rock en este proyecto no se capitaliza en este instrumento, sino en las posibilidades infinitas de crear sonidos procesados, el rock encontró una nueva manera de ser con el teclado y el sintetizador, las bandas electropops de los 80s lo entendieron muy bien y Leandro Yahni tomo nota de ello, porque Aguamono en su sentido más llano es una apuesta por lo que viene como lo demuestra este primer trabajo.

E. P. de cuatro canciones más un cover de King Crimson que no es tanto una referencia en cuanto a lo musical, sino que es en el imaginario del disco donde hace eclosión esta canción que habla de la esquizofrenia, porque este trabajo de Aguamono hace pie en lo deforme, lo freak, desde la tapa con la que salió editada, una terrible imagen del fotógrafo Joel Peter Witkins a una de las canciones que lleva el titulo de la primera película de David Lynch. "Eraserhead", pero esto no habla de una voluntad conceptual sino de una recurrencia temática que los diferencia, y los ubica en un lugar excéntrico a la producción misionera.

Una de las característica de este proyecto es la dupla compositiva que conforman Leandro Yahni pianista, tecladista, y programador y Javier Chemes: letrista, cantante y co-compositor, músicos de generaciones distintas, porque Javier estuvo de una de las primeras bandas de rock de la década del 80 en Misiones y Leandro fue baterista de una de las bandas pioneras del hardcore en la ciudad a principios de los 90s. Javier formó parte de la ortodoxia del rock local y Leandro estuvo más cerca de la perifireria en sus años de formación, con bandas cercanas al metal, el hip hop y la entonces llamada música alternativa.

Pero aún sin estas particularidades, Aguamono es problemático a su lugar de procedencia porque no se a parece a nada más que a si mismo, ni aún en su referencias más explícitas sobre la provincia como Hate this weather hablando sobre el clima o La siesta esa costumbre de la ciudades del interior, se cae en la tentación del  pintoresquismo, estas dos canciones son provocaciones sonoras que ponen su foco en la sensación no ilustran sino que profundizan la corporalidad del sonido en la contingencia del mundo.
Spirits can go es la única nota de sensualidad, pero es espesa, disonante, y muy poco complaciente con los buscadores de emociones fáciles, gran responsabilidad de esto tiene la voz porque no esta puesta como una herramienta de comunicación, sino que es un instrumento que va moldeando su fraseo en una línea zigzagueante. Salvo Hate this weather que es en castellano todas las canciones son en inglés, esta elección genera distancia y pone al oyente en la situación real de escuchar la música sin distracciones, porque no hay ningún mensaje al cual atender.

Esta modalidad del idioma es una clara estrategia para ir delineando un decir, que en  Noise de Pus (2006) su primer disco en rigor alcanzó un grado de expresión con mayores sutilezas.
Diez canciones que trazan diferentes situaciones sonoras, donde el ruido, la melodía y la disonancia comparten igual protagonismo, porque acá lo importante es saber cuál es el grado de intensidad al que están dispuestas a soportar las canciones, intensidad que tiene diversos caminos; subrayar el tempo, capas de sonido que se van desenvolviendo, que empastada con la voz generan espacios reducidos donde los datos (melodía, ritmo, fraseo) deben convivir en una marcha pesada e hipnótica como es el caso de Gone o producir una viscosidad chirriante que se va exasperando en un estribillo trepidante, molesto e insidioso como lo demuestra Feel, con su enjambre de microruidos o el rabioso punk industrial de Satelite donde el trabajo de la voz alcanza un timbre alienante, que es profundizado por la mugre del riff eléctrico y sofocado, que logra Leandro yahni para esta canción.

Aunque no todas las tintas están cargadas hay lugares más espaciosos como el groove industrial de If i can, donde el tiempo parece suspenderse y la voz entra en una suerte de embotamiento, logrando un dramatismo desfasado, como si el sentido de la canción y la canción nunca pudieran coincidir en el mismo plano sonoro, logrando una curiosa sensación de extrañamiento. Pero hay dos canciones que presentan otro tipo de intensidad, donde el juego consiste en producir intervenciones en el hueso del decir, cuando dos líneas que corren paralelas se tocan.
Los manos es una de ellas, canción donde sobrevuela la presencia de Spinetta porque dialoga de manera directa con El anillo del capitán Beto.
Si esta canción del flaco en su época Invisible era una muestra del influjo que había tenido El Eternauta en el imaginario argentino, La canción de Aguamono solo cierra este círculo adelantándose al homenaje platense que tuvo esta historieta de Oesterheld con el disco tributo que se realizó en el año 2011 llamado Los Ellos (4).

El relato de Aguamono tiene como tema a los extraterrestres que habían invadido la Buenos Aires de Juan Salvo, (ese hombre común puesto en una situación extraordinaria), todo en esta canción es de una sutileza envidiable, desde los acordes que va desarrollando el piano eléctrico que encuentra su verdad en Javier Chemés, en su voz enteramente en castellano, como si realmente cantara dentro de una escafandra en medio de la inmensidad, su modulación alcanza una certeza enorme hasta desvanecerse en su propio aliento, disolviéndose en esas cuerdas artificiales, que mutan rápidamente hacía el lamento desesperadamente agudo del sintetizador.

En Los manos las lineas que se tocan son temporales, la canción de Spinetta es una proyección hacia el futuro desde el presente, en cambio en Aguamono es un retorno desde el futuro hacia el pasado, a la nostalgia de ese mundo perdido que eran las canciones de Spinetta en aquellos tiempos cuando el futuro todavía no se había convertido en un fetiche vintage.
La siguiente canción que apuesta a la contemplación sonora es Noise de Pus, acá el relato de la voz nunca se quiebra, sigue su ciclo junto con el piano, y en paralelo la otra narración es la de los sonidos, al principio sordos, salpicando apenas los espacios entre estrofas y estrofas hasta superponerse sobre la melodía y contaminar a la canción con una noria de inconfundibles ruidos que no llegan a desarrollar un cuerpo poderoso como para gravitar y transformarlo todo, pero lo suficiente como para que sobrevuele un extraño dramatismo, que se va desarmando en miles de ruidos que funden la monótona y calma voz en un solo ruido blanco.

Las últimas dos canciones son los puntos por donde el disco decide fugarse, si el cover de King Crimson en el e.p. funcionaba como una referencia temática, The mirror blues es un ejercicio crimsoniano a la manera de Aguamono hecho con mucha distensión, a pesar de su énfasis y potencia soterrada esta canción ya no forma parte de Noise de Pus, porque no tiene el mismo tratamiento, ni el mismo peso en la economía del disco, por eso funciona como un homenaje y una necesaria transición hacia la última canción del disco.
Noise de Pus posee tres bloques expresivos dividido en pequeños interludios (5) que condensan la estética de la propuesta, los primeros dos bloques son el disco, el último es la nota al pie sobre lo que viene.

Aire definitivamente es el siguiente disco de Aguamono , dicha canción no tiene tensión es puro flujo que deviene, tiene un toque casi de jazz- fusión y no es casualidad que el disco termine con una canción enteramente en castellano, porque la siguiente aventura de Aguamono empieza por aquí, por estos lugares más espaciosos, más liberados, Aire es el silencio que queda después de la colisión, es la desintegración total de Noise de Pus como concepto, es la piedra de toque para que la canción pruebe su verdad y se quede con lo elemental de la expresión, la melodía y el tiempo, pero esto es otra historia y ya habrá tiempo para contarla.



1-Para una mayor información de Matías Kritz http://es.wikipedia.org/wiki/Matias_Kritz

2- Para una mayor profundización del concepto de músico del interior, pueden ver este análisis que hice sobre la obra de Osvaldo de la Fuente, otro músico del interior. http://lortellado.blogspot.com.ar/2014/01/el-estratega-el-gestor-el-sobreviviente.html

3-Nevermind y el suicidio de Kurt Cobain signaron la década del 90, tal como le expresa Daniel Melero:

   "El último coletazo de algo transformador en el rock se acabó con el balazo que Kurt Cobain
   se pegó. En Cobain está el último gesto del rock: el suicidio. Más allá de qué es una tragedia        personal, es un gesto artístico".

Layne Stanley el otrora cantante de Alice in Chains prosiguió este camino pero lo suyo fue una lenta capitulación con la muerte debido a sus adicciones.

4- Para más información sobre este fantástico disco homenaje entrar a http://losellos.bandcamp.com/

5- Estos interludios tienen los siguientes nombres: Pus de Noise y de pus noise, el primer bloque condensa a: Gone, Los manos, If i cant, el segundo a Feel, Noise de pus, Satelite y el último a Mirror Blues y Aire.

Para escuchar a Aguamono https://soundcloud.com/aguamono

Este un reportaje hecho en un canal local, donde se ve que la entrevistadora no sabe en rigor que preguntas hacer, pero es interesante igual porque refleja la extrañeza que genera Aguamono. Y como perla tiene un par de temas tocado para la ocasión con muy buen sonido e imagen https://www.youtube.com/watch?v=7ZzcO8-RGh8











 





























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